Escribe Jesús Marchamalo en Las bibliotecas perdidas que Robert Graves trabajaba en su casa de Mallorca en una habitación en la que, salvo los interruptores de la luz, todo estaba hecho a mano, porque era importante para su actividad creativa saber que estaba rodeado de cosas construidas de forma artesanal. Lo imaginas en ese espacio anclado en el tiempo, dando vueltas a una historia que gira en torno a la teoría del británico Samuel Butler, traductor al inglés de La Odisea, quien, a finales del siglo XIX, tuvo el atrevimiento de defender que La Iliada y La Odisea estaban escritas por manos diferentes. Esta última no la habría escrito Homero, pues, tras un análisis pormenorizado, llegó a la conclusión de que fue escrita por una mujer, poniendo en pie de guerra a la crítica literaria victoriana, en una época en que las mujeres todavía eran una rara avis en la literatura y las artes.
martes, 18 de mayo de 2021
"La hija de Homero", de Robert Graves
Escribe Jesús Marchamalo en Las bibliotecas perdidas que Robert Graves trabajaba en su casa de Mallorca en una habitación en la que, salvo los interruptores de la luz, todo estaba hecho a mano, porque era importante para su actividad creativa saber que estaba rodeado de cosas construidas de forma artesanal. Lo imaginas en ese espacio anclado en el tiempo, dando vueltas a una historia que gira en torno a la teoría del británico Samuel Butler, traductor al inglés de La Odisea, quien, a finales del siglo XIX, tuvo el atrevimiento de defender que La Iliada y La Odisea estaban escritas por manos diferentes. Esta última no la habría escrito Homero, pues, tras un análisis pormenorizado, llegó a la conclusión de que fue escrita por una mujer, poniendo en pie de guerra a la crítica literaria victoriana, en una época en que las mujeres todavía eran una rara avis en la literatura y las artes.
lunes, 10 de mayo de 2021
"Dioses y héroes de la antigua Grecia", de Robert Graves
Siguiendo la estela de Homero, entre un tumbo y otro tumbo, encuentro en mi biblioteca un libro titulado Dioses y héroes de la antigua Grecia, de Robert Graves. Lo publicó en 1960, como una especie de apéndice de su extensa obra dedicada a compilar Los mitos griegos (1955). Cuenta Lucía Graves en el prólogo de la novela La hija de Homero, que su padre buscaba en los orígenes de la cultura europea el origen del comportamiento de su generación, una generación que vivió las dos guerras mundiales. Robert Graves, que participó en la primera, como su colega J.R.R.Tolkien, y fue gravemente herido en la batalla de Somme (estuvo oficialmente muerto durante 48 horas), decidió retirarse del mundo urbano (in)civilizado que conocía para bucear en la antigüedad en busca de los valores perdidos en el subconsciente. Ahí se encontró con Deià, un pueblo mallorquín entre el mar y la montaña que recordaba al paisaje griego, un lugar mediterráneo, rural y primitivo donde los antiguos ciclos agrícolas seguían estando presentes.
viernes, 23 de abril de 2021
"La Odisea", de Homero
domingo, 4 de abril de 2021
"El hijo de César", de John Williams
sábado, 6 de marzo de 2021
"La invención de la soledad", de Paul Auster
martes, 5 de enero de 2021
"Seda", de Alessandro Baricco
Cambio de año inmerso en la lectura de El infinito en un junco de Irene Vallejo. Es un libro fascinante que me tiene atrapado desde hace más de diez días. Termino la primera parte dedicada al mundo griego, pero antes de pasar a Roma, decido hacer una incursión rápida en la narrativa. Entro en mi biblioteca y extraigo del estante un libro que lleva ahí mucho tiempo y que todavía no he leído. Se titula Seda, de Alessandro Baricco. Seguramente lo compré por el enorme éxito que tuvo en su día. Lo cierto es que nunca lo había abierto, ni tenía intención de leerlo. Pero hoy es su día. Los motivos: ayer escuché el estupendo podcast de Mr. Gwyn del programa Un libro, una hora. Y además, resulta que Océano mar es uno de los libros que Irene Vallejo se llevaría a una isla desierta. Baricco me asedia y en mi biblioteca solo está Seda.
Antonio Vega. El sitio de mi recreo
viernes, 18 de diciembre de 2020
"La malandanza", de Andrés Trapiello
Vuelvo a la narrativa de Andrés Trapiello y mantengo intacto mi objetivo de leer todas sus novelas. Van seis este año. La maladanza es su tercera novela. Me costó conseguirla porque está descatalogada. Los ejemplares que se venden en las librerías de ocasión no son muchos por lo que los precios están un poco disparados como ocurre con algunos de los libros de Trapiello. Finalmente encontré un ejemplar que estaba incluido en una colección de la editorial a un precio razonable.
La malandanza se publicó en 1996, cuatro años después de El buque fantasma y ocho de La tinta simpática. El autor madrileño nacido en León desembarcaba por fin literariamente en la capital para mostrarnos una semblanza de los inicios de la Transición.
En el ambiente sórdido de la noche madrileña se inserta una trama de amistad y copas, de violencia política y de vendetas. Los protagonistas son dos currelas cuarentones, técnicos de cine, uno electricista, otro ayudante de dirección, que han terminado trabajando en el nuevo medio estrella: la televisión. Melero es soltero. Varilla casado y con dos hijos. Son compañeros y amigos que tienen la costumbre de salir por la noche madrileña para terminar de madrugada bebiendo en la barra de un burdel de la calle Montera. Están orgullosos de haber trabajado en la película Campanadas a medianoche de Orson Welles. Varilla sueña con dirigir una película. Y ahí aparece el tercer personaje de la novela, Ahmed, una decadente gloria del boxeo. Varilla quiere rodar una película con su vida. Una noche, el azar cruza sus caminos. Esa noche es el inicio de la novela.
El relato comienza cuando Varilla y Melero, tras cruzarse con Ahmed a altas horas de la madrugada, se encuentran con un grupo de matones extrema derecha que está dando una paliza a una pareja. La injusticia despierta el espíritu quijotesco de nuestros héroes que no dudan en intervenir para salvarlos de una muerte probable. Los violentos fascistas se marchan y en el camino de regreso a sus domicilios tienen un accidente. La que sale peor parada es la bella Bego, las más cruel y fanática del grupo de escuadristas. Bego disfruta saliendo a cazar rojos en la noche madrileña como si fueran alimañas. Charly es su pareja y Gus, el gordo, es el tercero del grupo. Son hijos de franquistas que se niegan a aceptar el final del régimen. La pareja que esa noche ha sufrido el ataque es una joven pareja de médicos. La sorpresa viene cuando la agredida, días después, reconoce a su agresora en una cama del hospital recuperándose del accidente. A partir de ahí se desarrolla la trama.
Los personajes de la novela están logradísimos. Nuestros héroes, Varilla y Melero, son buenos tipos que no van de nada y que tampoco piden demasiado a la vida. Ahmed, la vieja gloria del boxeo y su enamorada Vicky, la prostituta que sueña con otra vida, son personajes que apenas notan el viento de la Historia. A Bego y el resto de escuadristas, por un lado, y a Luis y Esther, la joven pareja de médicos por otro, ese viento los arrastra, a cada uno hacia un lado.
La malanzanza es una novela callejera y realista, que se mueve, como la vida misma, muy trapiellana, con reminicencias del Madrid decadente que recorrieron Max Estrella y Don Latino a principios del siglo veinte. La malandanza es también una especie de western urbano que mantiene la tensión en torno a una venganza que sirve de excusa al escritor para pintar un estupendo fresco de la noche capitalina de finales de los años setenta (la historia transcurre en el año 1977). La malandanza emociona y divierte a partes iguales, con unos personajes que permanecen en la memoria.
«Tú ríete lo que quieras, tómatelo a guasa. Pero tengo razón, La televisión es una cosa de borregos, la hacen para borregos y la ven todos juntos, como en manada, con la luz encendida, sin parar de hablar; el cine, no, el cine es para gente libre a la que no le da miedo estar sola ni la noche ni los finales tristes ni le teme al silencio. La televisión vuelve a la gente más idiota, el cine yo creo que nos vuelve más libres» (P.133).
Genial, Andrés Trapiello.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
"El Domingo de las Madres", de Graham Swift
El Domingo de las Madres, publicada en 2016, podría ser la típica novela de amor que comienza como el clásico “érase una vez”, pero no lo es, porque Graham Swift destroza el canon de la novela amorosa en mil pedazos. El Domingo de las Madres transita por derroteros mucho más interesantes e inesperados que hacen de ella una novela extraordinaria.
sábado, 31 de octubre de 2020
"Kokoro", de Natsume Soseki
que separa el bien del mal, a la amistad, al amor, a la felicidad, a la culpa, y lo hace a través de la introspección psicológica de sus personajes.
miércoles, 14 de octubre de 2020
"Infortunios de Alonso Ramírez", de Carlos de Sigüenza y Góngora
sábado, 10 de octubre de 2020
"La librería ambulante", de Cristopher Morley
miércoles, 30 de septiembre de 2020
Quino. In memoriam.
Leo en la prensa que ha muerto Quino y me duele porque siento que se ha ido uno de mis autores clave. Tendría unos ocho o nueve años cuando empecé a leer las tiras de Mafalda en esos cómics apaisados de diferentes colores editados por Lumen, que comenzaban en el número cero y terminaban en el diez, en total once números que todavía conservo. Los siete primeros están publicados entre 1985 y 1988. Mi hermano los trajo a casa y no tardé en apropiarme de ellos. Me gustaban porque eran cómics protagonizados por niños que no eran para niños. Más tarde terminaría la colección adquiriendo los cuatro números que me faltaban. Los he leído tantas veces que están están desvencijados, sobre todo los primeros números. Cada época tenía mis preferidos, tanto en números como en personajes. Conforme iba cumpliendo años, mis favoritos iban avanzando en número. Ahora, los que más me gustan son los tres o cuatro últimos, los publicados en los años previos a la dictadura argentina que ya parece anunciarse en algunas tiras, porque en ellos Quino es mucho más Quino. Son los números en los que ya aparecen dos de los grandes personajes: Guille, el hermano de Mafalda, y Libertad, su amiga chiquita y reivindicativa. Los sigo leyendo porque tengo la sensación de que son intemporales, y sobre todo porque no me canso de leerlos. Continúo riéndome con la pereza imaginativa de Felipe, con la racanería heredada de Manolito, con el ensimismamiento idealista de Miguelito, la personalidad cosmopolita y beatlemaniaca de Mafalda, la tradicional casamentera de Susanita.
Continúo quitándome el sombrero ante el ingenio de Quino, de este genio de la viñeta que nos acaba de dejar.









