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domingo, 2 de octubre de 2016

El lado frío de la almohada, de Belén Gopegui


He leído “El lado frío de la almohada” de Belén Gopegui, y  me parece una buena novela por varios motivos.
En primer lugar, por las interesantes reflexiones de la protagonista sobre un tema tan controvertido como es la Revolución Cubana y la ideología que la sustenta:
“El héroe no es quien ensaya y rectifica y persevera y yerra de nuevo y de nuevo vuelve a rectificar. No es quien procura dominar los impulsos oscuros, los suyos, los de los otros, y lentamente lo consigue, aunque no siempre, e insiste, y lentamente lo mejora. El héroe es, en cambio, quien se deja llevar por un impulso refulgente en un instante, porque nosotros, en un instante podríamos dejarnos llevar. La Revolución Cubana ha dejado de ser heroica. Cinco minutos, apenas cinco años para cambiar el mundo y volver a dejarlo igual aunque con canciones y fotografías, eso habría sido heroico para la literatura. Cuarenta y cinco años de insistir y de errar y de rectificar y persistir para dar cuenta de una verdad tan simple como que el máximo beneficio de los accionistas no es compatible con el bien de la comunidad, de la comunidad completa, se entiende, pues no hay otra. Cuarenta y cinco años ensayando no son heroicos  ni literarios”.
Además, Gopegui nos muestra una historia sobre la dificultad del amor entre dos personas con concepciones ideológicas contrapuestas. La fugacidad y la intensidad de ese amor  es la base de la narración. Escribe la autora:
“Es la desigualdad, es el obstáculo lo que acelera el pulso y no, como tanto nos dijeron porque el obstáculo comporte peligro y aventura sino por la creencia: porque si al fin se ama al que es tan diferente y no hay motivo, interés, facilidades, entonces es que tal vez el amor sea, quiero decir, exista, entonces es que tal vez haya lugar para el romanticismo, para creer en algo inmaterial que impulsa a la materia, que la mueve y por eso cuento más desiguales los amantes, más cerca del milagro de ser otros, más cerca de creer en el milagro, quiero decir. En contra de las leyes del sentido común una fuerza acerca a sus cuerpos y esa fuerza, lo juran, les hará diferentes, les estremecerá de dicha, de voluntad contenida y extensible”.
Por último, se atreve con un final valiente, tan valiente como es toda la novela. Así es el final,  así es la novela, valiente, como Belén Gopegui.