martes, 14 de abril de 2020

"Yo, Claudio", de Robert Graves


Una palabra tan horrorosa y malsonante como confinamiento se está haciendo habitual. Al principio me costaba pronunciarla puesto que apenas la había utilizado antes. Puede que nunca. Y ahora no hay frase o párrafo en la que no aparezca el dichoso palabro. Consulto el María Moliner y todavía me gusta menos. La segunda acepción de “confinar” dice así: «Desterrar a alguien en un sitio determinado, no permitiéndole salir de ciertos límites. Aprisionar a alguien en un campo de concentración. Prohibir a alguien salir de cierto sitio. Arrestar». Lo peor es que no hay sinónimos mucho mejores: aislar, encerrar, recluir, arrinconar…
En fin, a lo que vamos. Acabo de terminar la primera lectura del confinamiento. Se trata de Yo, Claudio de Robert Graves. He tardado 32 días. Es evidente que no tenía prisa por terminarlo porque es un libro en el que no necesitaba, o no quería, llegar al final. De hecho, cuando lo he terminado no he sentido alivio sino pesar por tener que bajarme de esta maravillosa máquina del tiempo que me ha llevado a disfrutar de una de las épocas que más me atraen últimamente: la antigua Roma. Ya sé que todo lo que nos cuenta Robert Graves, aunque esté basado en hechos y personajes históricos, es pura ficción. Augusto no era tan inocente ni Livia tan malvada, Tiberio no era tan mal gobernante, ni Calígula estaba tan loco, ni Claudio era tan bonachón. La literatura exagera los caracteres de los personajes para darle emoción al asunto, y Robert Graves lo hace de una manera magistral.




La novela está narrada por Claudio (nuestro héroe) en primera persona, y lo hace con rigor, como lo haría un historiador, pues ese es su oficio antes de ser coronado emperador. Adora a Polibio, a Tito Livio, a Herodoto. De hecho una de las mayores alegrías que le dará el título es la de «poder consultar los archivos secretos y descubrir qué había sucedido en tal ocasión y en tal otra. ¡Qué milagroso destino para un historiador!» (p.364).  Además menciona a los destinatarios de estas memorias, que son los «eventuales lectores de la centésima generación futura» (p.12), es decir, los lectores del siglo veinte (la novela se publicó en 1934). Con este juego, Robert Graves impregna la novela de verosimilitud y nos hace partícipes del relato, pues el mismísimo Claudio se dirige a nosotros en primera persona desde dos mil años atrás.
 Los límites cronológicos de su relato van del 41 a de C. al 41, desde la época de su padre antes de que él naciera, hasta el año en que la guardia pretoriana que asesina a Calígula (“zapatitos”) lo proclama emperador. El narrador (Claudio) nos va mostrando acontecimientos de manera lineal, y para que el lector no se pierda los va fechando al margen. No sabemos cómo llegaron estas memorias a la casa de Robert Graves en Deià, pero sí que vemos su mano (lo avisa al inicio) a la hora de hacer más fácil el cómputo cronológico para el lector contemporáneo al utilizar la era cristiana, pues en tiempos de Claudio la cronología era la romana (aunque él utilizó la griega) que comenzaba a contar a partir de la fundación de Roma (el año 1 era el 753 a de C.). No sería hasta el año 525 cuando se empezó a computar la era cristiana, es decir que al año 1277 siguió ¡el 525!.

La novela narra por tanto acontecimientos de los periodos de Augusto, Tiberio y Calígula, y se centra fundamentalmente en la personalidad de los emperadores y en las luchas subterráneas por el poder, es decir, asesinatos a mansalva y de la manera más cruel y sofisticada. Juego de Tronos ya lo inventó Robert Graves.
Livia (tercera esposa de Augusto, madre de Tiberio, abuela de Claudio y bisabuela de Calígula y de Nerón) es la que se encarga de organizar que tras Augusto se corone su hijo Tiberio. Para eso tiene que quitar de en medio a los que iban delante en la línea sucesoria, es decir a los nietos de Augusto, y lo hace sin levantar las sospechas del inocente emperador. El veneno juega un papel fundamental en la novela. Livia es la que hace y deshace, la que mueve los hilos del poder, tanto con su marido como con su hijo. A la muerte de su madre, Tiberio no se queda corto eliminando a todo sospechoso de conspiración. La delación es suficiente para que uno acabe volando desde la Roca Tarpeya. Por su parte, Calígula representa en su corto mandato el máximo apogeo del terror tiránico y del desprecio por la vida. Entre tanta sangre sólo uno de los familiares sobrevive: Claudio. Su discapacidad física e intelectual lo salva de una muerte segura. Es cojo y tartamudea y toda la familia, excepto su hermano Germánico, lo desprecia y se burla continuamente de él. Sin embargo, Claudio es un tonto tan inteligente que se hace pasar por tonto para salvar la vida. Sabe que no lo consideran un peligro, aunque en más de una ocasión está a punto de perderla. Esa impostura le llevará a coronarse emperador. El personaje de Tyrion Lannister, sin duda está basado en Claudio. George R.R. Martin le debe mucho a Robert Graves.
En una de las conversaciones con su gran amiga Calpurnia, le dice:
«—Claudio tienes más suerte de lo que crees. Cuida tu puesto celosamente. No dejes que nadie lo usurpe.
  —¿Qué quieres decir, muchacha?
  —Quiero decir que la gente no mata a sus bufones. Son crueles con ellos, los asustan, les roban, pero no los matan.» (p.316).

Por la novela van desfilado multitud de personajes de la familia Julio-Claudia a los que situado en un árbol genealógico para facilitar la lectura.




De todos ellos me quedo con tres.
El primero es el personaje de Livia, maravillosamente cruel y manipuladora, quien pide a Claudio que a su muerte haga todo lo posible para que la divinicen como a Augusto para evitar el infierno. Chapeau Livia.
El segundo es Calígula cuya genial locura lo lleva a situarse por encima de Júpiter y a enfrentarse a Neptuno con las armas en una batalla memorable entre las legiones y el mar. ¿Alguien da más?
El tercero es el propio Claudio, cuya sabiduría, inteligencia e integridad (se declara republicano cuando lo van a proclamar emperador) lo convierte en contrapunto a la maldad de los personajes que desfilan por la novela.

Robert Graves escribió una obra literaria que es todo un homenaje a la historia y al oficio de historiador. Seguramente es la novela que más daño ha hecho a la historia. O no. Quién sabe. Lo único seguro es que es una obra maestra.


                                                           Traducción. Floreal Mazia

                                                      Joaquín Sabina. Una de romanos




sábado, 4 de abril de 2020

Luis Eduardo Aute. In memoriam.






Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla.
No propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el peso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón.
Y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo más alto
pondrá a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza.

Míralos como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los railes
que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre
su parásita ambición.
antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
más que nausea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza.

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales
tanto tienes, tanto vales
¡Viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
en ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza.



                                                                      La belleza



miércoles, 1 de abril de 2020

"Lectura fácil", de Cristina Morales



Lectura fácil es un libro protagonizado por cuatro mujeres con discapacidad intelectual en diferente grado que viven juntas en un piso tutelado de Barcelona. Cristina Morales les da voz y todo lo que vemos es el mundo a través de su mirada. No hay un enfoque hacia ellas, sino desde ellas. Ellas son el sujeto que analiza la sociedad en la que les ha tocado vivir. Y lo hacen con una lucidez que nos deja noqueados sobre el ring porque Lectura fácil es un gancho brutal a la mandíbula de la España moderna, democrática y europea, a su estado asistencial, a sus instituciones, a sus políticos y a la moral de sus biempensantes ciudadanos, del primero al último. Nada ni nadie se escapa. Es una novela crítica y autocrítica que destila un sutil humor "mendociano" al estilo La verdad sobre el caso Savolta, novela a la que en cierto modo me ha recordado. La única defensa de Lectura fácil, si es que la hay, es la de la libertad y la autonomía de las personas con discapacidad.

Cristina Morales estructura la novela a partir de cuatro formas narrativas que en gran medida se corresponden con cada una de las protagonistas. Estos cuatro enfoques buscan contrastes entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la complejidad y la sencillez, entre lo individual y lo colectivo, entre lo institucional y lo social, entre el sistema y el antisistema, entre la realidad y el deseo.
Las cuatro protagonistas son Nati, Marga, Patricia y Angeles. Son primas y hermanas, y llegan a Barcelona procedentes del pueblo ficticio de Arcuelamora tras escapar del centro en el que estaban internadas.

Nati lleva el peso de la novela. Es la que proporciona el tono, la crítica y el discurso ideológico. Representa la subjetividad y narra la historia en primera persona con un lenguaje intelectual y callejero, porque Nati tiene el ficticio síndrome de las compuertas que no es otra cosa que un estado de lucidez permanente que la autora utiliza para desnudarnos a todos. Nati representa la focalización interna de la novela. Es bailarina, y fue discapacitada por el Estado tras una crisis que sufrió al terminar la universidad. Nati defiende la libertad y utiliza el baile como metáfora. Es feminista y anarquista, aunque el feminismo y el anarquismo no escapan de su inteligente y corrosiva mirada. Y desde ese enfoque critica la hipocresía de la moral establecida, a los bienintencionados progresistas que tratan de ayudar, al sistema patriarcal que todo lo impregna, o al sistema neoliberal que todo lo corrompe. Ése es el síndrome de las compuertas. Nati no puede callarse. No se controla y su voz es un torrente que todo lo arrasa. Esa es su discapacidad. Es peligrosa para la sociedad, “una guerrillera bastardista” que escribe fanzines antisistema (se incluye en el libro). Mejor tenerla controlada y atontada con medicación.

«Si el abusón no reculaba, si se ponía chulo y el muy tonto se hacía el listo, entonces el grupo lo acorralaba verbalmente, con lo que él acababa gritando por encima de la voz de todos y empezaba a insultar. Se le invitaba entonces a abandonar el ateneo, invitación que por supuesto no aceptaba pronunciando las palabras mágicas: sois unos fascistas. ¡Me quedé loca!¡Estaba ocurriendo también allí! [se refiere a una asamblea anarquista]¡Resulta que los hacen en serie y todos los fascistas llaman fascistas a quienes les plantan cara! Es la ley facha-macha: para el facha, tolerar significa que el otro se ponga de su lado. El macho-facho no admite la alteridad salvo que le sea sumisa, como poco, cómplice, o, cuando menos, silenciosa, y mucho mejor si la alteridad está muerta.» (p.75).


Marga es el personaje en torno al cual gira la acción de la novela. Ella es la que se decide a vivir de manera independiente fuera del piso tutelado, para lo que deberá saltarse las normas de unas instituciones que se lo impiden. La única opción que tiene es recurrir a la Asamblea Libertaria de Sants para que le ayuden a okupar un piso abandonado. Las actas de las reuniones de este grupo anarquista forman el segundo enfoque narrativo. Cristina Morales utiliza la focalización externa y aquí vemos a Marga (Gary Garay) y a veces a Nati (Nata Napalm) debatir en torno a multitud de temas con los participantes que se esconden tras los pseudónimos de diferentes ciudades, probablemente su lugar de origen (Murcia, Jaén, Coruña, Oviedo, Palma, Tánger…). Leemos las actas en forma de diálogo y en ellas la autora nos muestra la candidez pueril y el sinsentido de algunos de los debates de la asamblea que se pierden en divagaciones estériles, pero también nos enseña debates interesantes que el resto de la sociedad no se plantea, y sobre todo la solidaridad sin fisuras del grupo con personas como Marga.

«Jaén: Yo tampoco diría eso, Murcia. Yo creo que Gari lo tiene muy claro. Yo creo que ella prevé la represión, no es algo desconocido para ella. Ha sufrido la represión muchas veces a lo largo de su vida en las residencias para discapacitados, tanto dentro por parte de los cuidadores como fuera por parte de la policía aliada con sus cuidadores. Tiene 37 años y desde los 18 que la internaron por primera vez en una residencia ha desarrollado estrategias de resistencia. Ella no lo llama así, pero por sus palabras así lo entiendo yo. Gari no gritará la consigna de “Un desalojo, otra ocupación”, pero en realidad es lo que lleva haciendo toda la vida. Le quitan un espacio de libertad y ella espera el momento preciso para conquistar otro. Es lo mismo que hacemos nosotros.» (p358).

La tercera forma narrativa la representa Patricia, cuya voz escuchamos en las declaraciones recogidas en un juzgado de Barcelona que tiene que decidir sobre la esterilización forzada de Marga. A través de las preguntas de la jueza y las respuestas de Patricia observamos la vida de las cuatro primas en el piso tutelado de Barcelona. Por el juzgado también pasarán Nati, Marga y Ángeles aunque sus intervenciones son más escuetas, sobre todo la de Marga. Esta forma narrativa representa la ley, la institución, el estado asistencial paternalista que debe decidir qué es lo mejor para ellas, que debe incluso decidir sobre su maternidad. Esta forma también la leemos desde fuera pues se trata también de unas actas, en este caso las del juzgado, que contrastan con las de la asamblea anarquista en cuanto al tono y al lenguaje. Las primeras son dinámicas, libres, subversivas, alegres en ocasiones. Las segundas aparecen como un bloque frío e implacable como las tablas de la ley a pesar de los intentos de la jueza por parecer cercana y empática.

«¿Me está diciendo que no es su ilustrísima la que lleva el tema del piso tutelado?
(La señora juez responde afirmativamente.)
¿Qué sí lo lleva o que sí que no lo lleva?
(La señora jueza responde que no lleva ese tema)
Pues bueno, si usted no lo lleva, ¿no podría su excelentísima excelencia hacer el favor de decírselo a la excelencia que lo lleve? Si se lo dice usted, que es jueza, a otro juez, no habrá mezcla de poderes de esa que su ilustrísima dice, ¿no?
(La señora jueza lamenta no poder ayudar a la declarante en este asunto y le pregunta si tiene algo más que añadir a su declaración, porque ya sí deben acabar.)
(Sollozos de la declarante. La señora jueza le pide que se calme, le ofrece más agua y la declarante acepta).» (p.329)

El lienzo lo completa Ángeles que representa la cuarta forma narrativa. Aquí regresamos a la subjetividad, al interior del personaje a través de una novela que está escribiendo en forma de memorias en la que nos cuenta la historia de las cuatro desde el principio, de la vida en el pueblo, de cuando fueron declaradas discapacitadas e internadas en un centro, de cómo se vivía en el centro y de cómo todos se aprovecharon de ellas, desde sus familiares, hasta el propio centro, de cómo lograron salir y establecerse en un piso tuteado de Barcelona. Esta parte está narrada con el llamado método de Lectura fácil que es la forma utilizada para la comprensión de las personas con discapacidad intelectual. Es por tanto un lenguaje sencillo, directo y sin florituras, que todo lo explica, pero al mismo tiempo es un lenguaje crítico que deja la realidad a desnudo para poner de relieve lo evidente. Esta parte contrasta con el discurso político y complejo de Nati, pero al mismo tiempo lo complementa, o más bien es al revés, el pensamiento de Nati complementa la novela de Ángeles.

«Si una persona tan lista como una jueza
no sabe lo que es la Lectura Fácil,
es porque hay que regenerar la Lectura Fácil.
Debe ser atractiva y útil para todos, no solo para el 30% de personas
que tienen dificultades lectoras
o que se han visto privadas del placer de la lectura.
La Lectura Fácil debe llegar a la población general,
a la mayoría de la población
y a toda la ciudadanía.
La ciudadanía es todo el mundo,
no solo los que viven en ciudades,
también los que viven en pueblos, incluso en aldeas,
o solos en la mitad del monte.
Las novelas, las leyes, los contratos,
las multas, las sentencias,
la factura de la luz, del agua y del gas,
los papeles del banco, del ayuntamiento
y de cualquier sitio donde haya políticos
o de cualquier sitio donde haya empresas
tienen que escribirse en Lectura Fácil.» (p.415)

Cristina Morales ha sido un grandísimo descubrimiento. 
Lectura fácil se llevó el año pasado el Premio Herralde y el Premio Nacional de Narrativa. Pocos son. 
Como diría Bolaño, el futuro de la literatura está en sus manos.



                                         
                                                      Los planetas. Islamabad


Muy recomendable:
Programa La Milana Bonita dedicado a Lectura fácil con entrevista a Cristina Morales.
https://lamilanabonita.com/2020/04/12/lectura-facil-cristina-morales-analisis/

sábado, 14 de marzo de 2020

"Los amigos del crimen perfecto", de Andrés Trapiello



En Los amigos del crimen prefecto Andrés Trapiello hace alarde de su talla como escritor, y lo hace con humildad, con naturalidad, sin que se note demasiado. 
Al lenguaje preciso de Trapiello hay que unir una estructura impecable para una historia más que redonda.
En la novela hay varios temas entrelazados. La historia, la literatura, el amor y el desamor, la amistad o la intriga. Es todo a la vez. En la primera parte asistimos a uno de los momentos claves de la reciente historia de España: el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Lo hacemos indirectamente a través de la mirada de una serie de peculiares personajes unidos por una afición común: su pasión por la novela negra. En la segunda parte, el amor y el desamor entre varios de los protagonistas ocupa el centro de la narración. La tercera, se centra en la intriga, con un asesinato que la policía no logra resolver. Es un crimen perfecto. 
Todo está rodeado de literatura, de novela negra, con unos personajes que toman nombres de los clásicos del género. Los personajes están logradísimos. Paco Cortés, como Sam Speed  (Spade), escritor de novela negra, explotado por un viejo editor, se lleva gran parte del protagonismo. La otra parte se la lleva Rafael Hervás, Poe, un joven manchego que ha ido a la capital para trabajar en un banco. Ambos son nuestros héroes. Y están acompañados de un plantel de secundarios de mucho nivel. Dora y Hanna (las dulcineas de ambos), Marlowe y Maigret, Miss Marple y Mason. Todos ellos se reúnen cada semana para hablar de crímenes literarios. Hasta que un crimen les toca de lleno y no les quedará otra que intentar resolverlo para salvar el pellejo.
Los amigos del crimen perfecto es mucho más que una novela negra. Es todo un homenaje al género que utiliza elementos de la novela histórica y social para enfrentar al lector a ese pasado oscuro del que se intentaba salir a principios de los años ochenta.
Andrés Trapiello, gran alquimista de las palabras, escribe una novela memorable.


                                                    L.E. Aute. Las cuatro y diez

sábado, 15 de febrero de 2020

"Amanece que no es poco", de José Luis Cuerda


“Tenéis que ver una película que se titula Amanece que no es poco. Es una película preciosa”. Esa era la palabra que utilizaba para describirla, preciosa. Quien esto nos decía era Marisa González, la profesora de música del instituto. Entraba en el aula cargada con un viejo maletín-tocadiscos con altavoces incorporados y unos vinilos de música clásica que nos ponía una y otra vez. “Yo soy la pianista que aparece en la película”, repetía orgullosa con una sonrisa. “Ver la película sube nota”. Y claro, la vimos. Ahí estaba ella, con su pelo recogido en un moño, como en clase, acompañando al piano a una soprano en un viejo bar en el que los lugareños, antes de ir al trabajo, se emborrachaban por turno vigilados por un guardia civil. Fue todo un descubrimiento. Una revelación. Efectivamente, la película era preciosa.

La película estaba ambientada en un pueblo y ocurrían cosas verdaderamente disparatadas. Un grupo de estudiantes norteamericanos llegaba al pueblo para observar las costumbres autóctonas, los campesinos cantaban un madrigal mientras se dirigían al trabajo, de la tierra crecían humanos con “rizoma”, los fieles aplaudían al cura en la misa, los niños aprendían en la escuela cantando, un escritor argentino plagiaba a Faulkner y acababa entre rejas porque Faulkner era el ídolo del pueblo, un padre y su hijo llegaban en sidecar para pasar un año sabático, un borracho se desdoblaba, el alcalde se ahorcaba porque los hombres del pueblo querían colectivizar a la mujer que había traído, las mujeres del pueblo se reunían para reírse de los hombres, un suicida que no lograba suicidarse, un masai, hijo de una vecina, que trataba de integrarse en el pueblo en el que había nacido, un guardia civil que disparaba al sol porque no salía por donde lo esperaba...
Marisa nos hizo amanecistas.

Después la vi muchas veces, porque es una película para verla muchas veces. Hace unos años se organizó un homenaje a José Luis Cuerda en la filmoteca con la proyección de la película. Y ahí que fuimos. Era viernes. El director estaba en la puerta firmando guiones de Amanece que no es poco. Lo compré y pude saludar al genio. La sala estaba abarrotada. Con muchas caras conocidas. “No me explico que hacéis un viernes por la noche aquí. Yo no vendría”, dijo en la presentación. Tras la proyección de la película, un genial José Luis Cuerda habló de cine y de literatura. Tenía una inteligencia y una rapidez sorprendente. Y mucha ironía. Me pareció un tipo estupendo. Habló de su niñez, y de su juventud, que fue cuando decidió que le gustaba la literatura y el cine. Dijo que le abrió los ojos leer Rojo y negro de Stendhal. Que en ese libro estaba todo. Que sus películas favoritas eran El apartamento de Wilder y Plácido de Berlanga. Estuvo hablando sobre una hora. Tenía ganas de hablar y el público ganas de escuchar.

Amanece que no es poco, Así en el cielo como en la tierra, El bosque animado, La marrana, La Lengua de las mariposas
José Luis Cuerda, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.


                                         Escena de la taberna, con Marisa González al piano.





domingo, 22 de diciembre de 2019

"«El mudo» y otros textos", de Carson McCullers




Encuentro en mi biblioteca uno de esos libros que compré hace unos años sin intención de leerlo en aquel momento. Se trata de una pequeña joya de Carson McCullers titulada El mudo y otros relatos, prologado por Rodrigo Fresán. Me hice con él tras leer El corazón es un cazador solitario y La balada del café triste, sin duda dos obras maestras de la literatura.
«El mudo» y otros textos recoge una serie de artículos escritos entre 1941 y 1963 y publicados en periódicos, revistas y ensayos sobre su obra.
El interés de estos artículos se centra en el comentario que Carson McCullers realiza de diferentes obras literarias, comenzando por El corazón es un cazador solitario, y continuando por la relación entre los autores del llamado gótico sureño estadounidense de Faulkner o Flannery O´Connor y el realismo ruso de Chejov o Dostoyevski , o de la obra de la danesa Isak Dinesen que deslumbró a la autora norteamericana. Mención especial requieren los muy recomendables artículos dedicados al oficio de escribir.
Aquí solo voy a comentar el primero, titulado Esquema de la autora para «El mudo». Se trata del plan de trabajo que realizó para la escritura de El corazón es un cazador solitario que en principio se iba a titulase El mudo. En él aparecen las consideraciones generales señalando el tema principal y los secundarios: «El tema principal de este libro, expuesto en las doce primeras páginas, es la rebeldía del ser humano contra su aislamiento interior y la necesidad que siente de una expresión personal lo más plena posible» (p.3). «El esbozo general de esta obra se puede expresar de manera muy sencilla diciendo que es la historia de cinco personas aisladas, solitarias, en su búsqueda de la expresión y en su deseo de integrarse espiritualmente en algo más grande que ellos» (p.4).
McCullers no deja nada al azar. Todo está planificado al milímetro. Así, nos describe la personalidad de los personajes de la obra: John Singer, el sordomudo que se convierte en el centro del relato, la joven Mick Kelly, el personaje más destacado del libro cuya historia es «la lucha denodada de una niña excepcional por obtener lo que necesita de un entorno inflexible», James Blunt y su espíritu revolucionario, el doctor Copeland, el médico negro que trata de cambiar el statu quo de la sociedad sureña, el observador frío e insensible Biff Brannon, o el amor de Singer, Spiros Antonapoulos.
También menciona las relaciones entre los personajes y señala: «En conjunto, las interrelaciones entre los personajes del libro se pueden describir como los radios de una rueda, con Singer como punto central. La situación, con toda la ironía que encierra, expresa el tema más importante del libro» (p.41).
En el esbozo incluye la estructura en tres partes y el tiempo del relato, catorce meses divididos en estaciones y con el bosquejo de los acontecimientos, la ciudad en la que se desarrolla la historia, cuyo nombre no se menciona  «aunque está situada en la parte más occidental de Georgia en las orillas del río Chattahoochee y justo al otro lado de la frontera con Alabama. Tiene una población de cuarenta mil habitantes, de los que una tercera parte, aproximadamente son negros. Se trata de una comunidad típicamente fabril y casi toda su organización económica se centra en las fábricas textiles y en el comercio minorista» (p49).
Por último menciona la técnica en la que hay cinco estilos distintos, uno por cada uno de los personajes principales, a los que se trata de manera subjetiva y objetiva, y un estilo legendario en el caso del sordomudo» (50). Termina: «Este libro se completará en todas sus fases. No se dejará ningún cabo suelto y al final habrá un sentimiento de conclusión equilibrada. La idea fundamental es irónica, pero al lector no se le deja con una sensación de futilidad. La obra refleja el pasado pero también indica el futuro».
«El mudo» y otros textos es un libro que enriquece la lectura de El corazón es un cazador solitario, mostrando la estructura interna de una obra maestra que la autora escribió con apenas veinte años.


sábado, 23 de noviembre de 2019

"La noche del oráculo", de Paul Auster



Si tuviera que elegir un libro de Paul Auster sería La noche del oráculo. Seguro que muchos de los fanáticos austerianos que andan sueltos me dirán que Mr. Vértigo, El libro de las ilusiones o El palacio de la luna le dan varias vueltas, cosa bastante discutible. Me sigo quedando con La noche del oráculo. Fundamentalmente por un motivo: fue el primero. Y los primeros nunca se olvidan. Los que vinieron después fueron fantásticos, pero el lugar de honor en mi memoria sentimental  lo ocupa La noche del oráculo. El azar (¿el destino?) lo puso frente a mis ojos en una revista del Círculo de Lectores e hice algo que nunca había hecho: lo compré exclusivamente por su portada. Jamás me había fijado en este autor que resultó ser una mina de oro.

Lo releo quince años después. El libro sigue siendo el mismo. Nada ha cambiado. Ahí están todos. Sidney Orr recién salido del hospital, paseando por las calles de Nueva York, entrando en El palacio de papel para comprar el cuaderno azul fabricado en Portugal que logra que vuelva a escribir para dar vida a maravillosos personajes: Nick Bowen que, imitando al Flitcraft de Hammet, un día decide dejarlo todo para empezar una nueva vida. El taxista Ed Victory, empeñado en terminar con el extraño proyecto de la Oficina de Preservación Histórica situada en un búnker antiatómico subterráneo. Rosa, nieta de la célebre escritora Silvia Maxwell, que encuentra un viejo manuscrito de su abuela titulado La noche del oráculo que narra la historia de un soldado de la Primera Guerra Mundial cuya ceguera le confiere el don de la profecía. También está Grace, la bella y enigmática esposa de de Sidney Orr, John Trause, el escritor consagrado y viejo amigo de la familia, Mr Chang, el peculiar dueño de la papelería en la que Sidney Orr compra el cuaderno azul que ser convertirá en un oráculo.

La novela de Paul Auster es una muñeca matrioska. Hay varias historias en diferentes planos,  una dentro de la otra, con narradores distintos. Orr que inventa a Bowen que lee a Maxwell. Hasta ahí nada nuevo. Cervantes ya nos coló en El Quijote la historia de Marcela o la del curioso impertinente o la del cautivo. Auster, gran admirador de Cervantes, da un paso más intentando que unas historias influyan en las otras, que se interrelacionen y que interactúen. Que haya una causalidad. Muchas veces hemos visto cómo la ficción se construye a partir de la realidad del autor, y este recurso lo utiliza con frecuencia Paul Auster, pero también va más allá en este sentido y le da la vuelta al calcetín: su apuesta es que la ficción influye en la realidad, la predice e incluso la determina. La ficción funcionaría por tanto como un oráculo. La clave está en las palabras que John Trause le dice a Sidney Orr:
“Los pensamientos son reales –sentenció-. Las palabras son reales. Todo lo humano es real, y a veces conocemos las cosas antes de que ocurran, aun cuando no seamos conscientes de ello. Vivimos en el presente, pero el futuro está siempre en nosotros. Puede que el escribir se reduzca a eso, Sid. No a consignar los hechos del pasado, sino a hacer que ocurran cosas en el futuro” (p.245).


Nunca debe subestimarse el poder de los libros. 


                                              George Gershwin. Rhapsody in blue

Traducción de Benito Gómez Ibáñez