Durante el mes de agosto mi pereza ancestral se manifiesta
en todo su esplendor. Es su mes. Yo
apenas puedo hacer nada para contenerla. Ni siquiera la frase de Ana Frank —“la
pereza seduce, el trabajo satisface”— que tan presente tengo el resto del año,
logra sacarme de la inoperancia más absoluta. Puedo leer, porque es una actividad
que se lleva bien con La Pereza. Pero ésta siempre quiere lecturas llanas, de
poca dificultad, de nivel 1. Puede que el calor tenga algo que ver. O que a mi
alrededor haya poco trasiego. O que Neo (mi perro) se pase todo el santo día
tumbado a la bartola. O que la ciudad se quede fantasma en estos días. O que comprar
el pan se convierta en una odisea que me lleva a recorrer el barrio en busca de
una panadería que no haya “cerrado por vacaciones”. Lo cierto es que la levedad
se apropia de todo en el mes de agosto. También de la lectura. Y ya La Pereza se
hace cargo.
El otro día comencé a leer un libro de Rodrigo Fresán titulado La
parte inventada, y a la sexta línea me llevé un pescozón. Sentí el golpe y me
quedé aturdido. Y asustado, sobre todo porque estaba solo en casa. No hizo
falta girarme para ver de quien había sido esa mano invisible. Mensaje
recibido. Fui hasta la estantería y saqué el libro que La Pereza había comprado
unos días antes. Se titulaba Un gran
chico. Su autor Nick Hornby. Es
el cuarto libro que leo del autor. Me divertí con Alta fidelidad y con Juliet,
desnuda. No tanto con Cómo ser buenos.
La Pereza ha disfrutado de la lectura de Un gran chico. Incluso la he sorprendido
con alguna que otra risa. A mí no me ha hecho tanta
gracia. Me ha gustado el personaje de Marcus, un adolescente inteligente que se
sale de la uniformidad que comparten sus compañeros de instituto, por lo que se
convierte en blanco fácil. A La Pereza, no me extraña, le ha gustado el personaje de Will, un
treintañero soltero, sin oficio ni beneficio, que no hace nada porque vive de
los derechos de autor de una canción navideña que compuso su padre. Will sigue
la norma. El azar cruza sus caminos. Pronto descubrirán que se necesitan
mutuamente.
Yo pondría Un gran
chico en el segundo grupo de las novelas de Nick Honrby. La Pereza en el
primero. Pero no quiero discutir porque en agosto lleva las de ganar. Agosto es
su mes. Ya llegará septiembre, me digo.
La Pereza me aparta del teclado de un empujón.
—Ya sigo yo—me dice.
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