En un lugar de este olvidado rincón queda dicho que el primer lugar de mi podio literario lo ocupa Miguel de Cervantes. Ni que decir tiene que su infinito Don Quijote de la Mancha fue un arcabuzazo que me dejó maltrecha la mitad diestra del cerebro. Con la que quedó más o menos intacta fui descubriendo que la vida de Cervantes era tan novelesca como la de sus personajes de ficción. Y cuanto más leo sobre él, más parecido le encuentro con su caballero andante, y más me conmueve por su quijotesca manera de afrontar los reveses de la vida, que no fueron pocos.
Es por eso que últimamente disparo a todo cervantista que se pone a tiro, sobre todo a los que novelan su biografía. Sin duda, pieza de caza mayor es Juan Eslava Galán. El autor jienense se ha atrevido a novelar las dos ocasiones en que Cervantes estuvo preso injustamente, primero en Sevilla en 1597, después en Valladolid en 1605. En aquella España Imperial primero te metían en la cárcel y luego preguntaban. En El comedido hidalgo (1996) aborda la desventura sevillana; en Misterioso asesinato en casa de Cervantes (2015), la vallisoletana. Y como suele ser habitual en mis desnortadas lecturas, primero leí el segundo, y ahora leo el primero.
«Un mediodía de los calurosos del estío, un solitario viajero hacía el camino de Carmona a Sevilla en un triste mulo de alquiler. Don Alonso de Quesada, que así se llamaba el caballero era de buen talle, enjuto de carnes y no mal parecido. Tenía la barba entrecana y bien recortada; el pelo, gris y escaso; la frente, amplia, la nariz, aguileña; la boca, delgada; las orejas, finas; señales todas de agudeza. La mirada la tenía viva, que es marca de inteligencia, y algo vidriosa, que es indicio seguro de natural melancólico».
Así comienza esta novela que sitúa a don Alonso de Quesada, alter ego de Cervantes, en Sevilla en los años noventa del siglo XVI. Continúa con su cargo de Comisario de Abastos por tierras andaluzas. Por aquellas fechas frisa en los cincuenta y llega a Sevilla para resolver unos asuntos burocráticos. Allí se reencuentra con su viejo amigo Chiquiznaque, compañero de armas de Lepanto, y con doña Dulce, un antiguo amor cuyos rescoldos siguen intactos bajo la ceniza del tiempo. Estos asuntos llevarán al pobre don Alonso a la cárcel sevillana durante varios meses. Paralelamente nos encontramos con la historia de amor de Chiquiznaque con doña Salud, la esposa de Gaspar de Vallejo que es precisamente el magistrado que manda a prisión a nuestro protagonista, o la del propio Alonso con doña Dulce que despierta la animadversión de un rechazado pretendiente, el conde de Cabra. Acorralado por estos dos poderosos personajes, don Alonso echa mano de las pocas amistades que tiene cerca, sobre todo de Chiquiznaque que lo lleva a conocer los bajos fondos de Sevilla controlados por el capo Monipodio, capaz de torcer el brazo del mismísimo Inquisidor General. Por supuesto, la trama es pura es ficción, aunque Cervantes se lo agradecerá años más tarde inmortalizándolo en una de sus Novelas ejemplares. Acompañan a don Alonso una serie de secundarios maravillosos como Aldoncilla, la criada de la pensión que se enamora perdidamente de nuestro apuesto manco, o don Florindo y el mulato Varejón que protagonizan junto al inquisidor Osorio la situaciones más hilarantes de la novela.
El comedido hidalgo es una novela divertida, plagada de personajes y lugares cervantinos –la recreación de la populosa Sevilla es fantástica—y narrada a ritmo de aventuras en la hay enredos y equívocos amorosos al más puro estilo del Siglo de Oro. Juan Eslava Galán, que no da puntada sin hilo, utiliza un lenguaje y unas expresiones propias de la época, tanto que a ratos —palabras mayores— parecía que estaba leyendo al mismísimo Cervantes.
«En 1605 publicó una novela de cuyo título no quiero acordarme, que en poco tiempo cobró tal fama que hasta le hacían ediciones pirata. No sacó de pobre a don Alonso, que tal era su sino a lo que parece, pero le dio algunas satisfacciones en la vejez con las que alivió sus cotidianas pesadumbres. Las últimas palabras que escribió, en vísperas de su muerte fueron: “¡Adiós, gracias; adiós donaires; adiós regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. VALE»
Hace unos años que leí Misterioso asesinato en cada de Cervantes, novela que disfruté mucho. No sabía que el autor tenía otra novela basada también en Cervantes. Tomo nota de ella. Lo que cuentas me ha atrapado y Sevilla como escenario me atrae aún más que Valladolid.
ResponderEliminarUn beso.
Hola Rosa, las dos son muy buenas. Se nota que Eslava Galán se ha empapado de los autores del Siglo de Oro, sobre todo para "El comedido hidalgo" porque algunas situaciones me han recordado a Lope o a Calderón. "Misterioso asesinato..." es como más contemporánea tanto por la trama como or el lenguaje. En la primera no se atrevió a llamar a Cervantes por su nombre porque es protagonista y se le hacía muy grande, pero en la segunda sí, porque tiene un papel más pequeño en la novela.
EliminarUn beso.