viernes, 10 de febrero de 2017

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño



Comienzo a escribir sobre esta novela y me parece que voy a hacer algo absurdo. Es una obra tan grande que cualquier cosa que escriba sobre ella se va a quedar en menos que nada. Y sin embargo,  voy a escribir sobre este libro a sabiendas de que estoy haciendo algo absurdo. Hay que leer la novela. Y releerla hasta el fin de los días. Porque no se acaba nunca.

El inicio de “Los Detectives Salvajes” de Roberto Bolaño es el arranque hacia uno de los mejores viajes que la literatura me ha proporcionado. Es un viaje hacia el centro de la propia literatura.
El libro comienza así:
“2 de noviembre
He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.
3 de noviembre
No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en la habitación y lloré toda la noche. O al menos una buena parte. Después, con aparente resignación, entré en la gloriosa Facultad de Derecho, pero al cabo de un mes me inscribí en el taller de Poesía de Julio César Álamo, en la Facultad de Filosofía y letras, y de esa manera conocía a los real visceralistas o viscerrealistas o incluso vicerrealistas como a veces gusta llamarse”.

La estructura de la novela de Roberto Bolaño es absolutamente genial.
Consta de tres partes:
1.- Mexicanos perdidos en México (1975)
2.-Los Detectives Salvajes (1976-1996)
3.- Los desiertos de Sonora (1976)

La primera parte, “Mexicanos perdidos en México”, de unas 130 páginas, nos muestra el momento en que el joven Juan García Madero entra en contacto con Ulises Lima, Arturo Belano, María y Angélica Font, Piel Divina y otros escritores/poetas del una corriente literaria llamada realismo visceral que viven en México D.F.
 Lo hace a través de un diario que comienza el 2 de noviembre de 1975 y termina el 31 de diciembre de ese mismo año.
Juan García Madero es un joven que acaba de entrar la universidad y se relaciona con todos estos jóvenes escritores del extrarradio literario mexicano que intentan hacerse un hueco con sus publicaciones en una revista. Son la versión juvenil de Max Estrella, tocados por la enfermedad de las letras. Son críticos con Octavio Paz y en general con todo el establishment literario latinoamericano, con excepciones, como Nicanor Parra. Son artistas de los márgenes que dedican su tiempo a leer, conocer, inventar, innovar, escribir, publicar, a buscar en la inmensidad del océano de la literatura. Dos de ellos son los líderes del movimiento: Ulises Lima y Arturo Belano. Ellos son los detectives salvajes.
“14 de diciembre
A los real visceralistas nadie les da NADA. Ni becas ni espacios en sus revistas ni siquiera invitaciones para ir a presentaciones de libros o recitales.
Belano y Lima parecen dos fantasmas.
Si simón significa sí y nel significa no, ¿qué significa simonel?
Hoy no me siento muy bien”.

García Madero tiene talento. Y quiere ser escritor. Escribe en su diario: “Todo el día deprimido, pero escribiendo y leyendo como una locomotora”. Sus pasos lo llevan hasta los bares por los que pululan los real visceralistas, así como a las reuniones literarias en casa de las hermanas Font, cuyo padre es una especie de mecenas-protector de los jóvenes literatos y se encarga del diseño y la financiación de la revista. Sus hijas, María y Angélica, también escriben y tienen relación con el grupo, sobre todo con García Madero. En una de esas visitas García Madero pierde la virginidad con María. Es el momento en que es plenamente consciente de su vocación literaria.
En esta primera parte del libro, Juan García Madero descubre el amor, el sexo, la literatura, la amistad; descubre la vida desde el entusiasmo de sus diecisiete años.
“21 de diciembre.
Sin novedad. La vida parece haberse detenido. Todos los días hago el amor con Rosario. Cuando ella se va a trabajar, escribo y leo. Por la noche salgo a dar vueltas por los bares de Bucareli. A veces me paso por la Encrucijada y los meseros me atienden el primero. A las cuatro de la mañana vuelve Rosario (cuando termina el turno de noche) y comemos algo ligero en nuestro cuarto, generalmente cosas que ella trae preparadas del bar. Luego hacemos el amor hasta que se duerme y yo me pongo a escribir”.
La primera parte termina cuando Belano, Lima, García Madero y Lupe salen huyendo del México DF el día de Nochevieja. Y desaparecen.




En la segunda parte, la que da título al libro, García Madero sale de escena por completo, y los protagonistas son Ulises Lima y Arturo Belano. Alguien (aún no sabemos de quien se trata) los intenta encontrar e inicia una investigación entrevistando a personas que  coincidieron con ellos, de manera que vamos conociendo, a modo de documental, a los líderes de real visceralismo a través de las opiniones y la mirada de terceros, al tiempo que el autor va dibujando a los propios personajes entrevistados.
El entrevistador los busca y el lector va haciéndose una idea del paradero de Ulises Lima y Arturo Belano.
El autor de “Los detectives salvajes” nos tiene en ascuas todo el tiempo porque hay disgresiones en cada una de las intervenciones. También nos hace pensar que siguen en la clandestinidad tras las constantes alusiones a que ambos solían desaparecer un tiempo y luego regresaban con material ilícito para venderlo en las calles del D.F. Muchos de los entrevistados insinúan veladamente que les ha podido ocurrir algo grave. Algunos los aprecian, otros los odian. Nuestros héroes (sus nombres, Ulises y Arturo, no son casuales) aparecen como figuras poliédricas diseccionados por la mirada de los demás, de los otros. Por eso los vemos exteriormente completos.

Las entrevistas las agrupa el autor en capítulos y en cada capítulo varía el número de entrevistas (entre una y siete). Esta segunda parte tiene un total de 26 capítulos y en ellos se recogen las entrevistas que se van realizando a lo largo del tiempo y en diferentes lugares de México y Europa. Las entrevistas comienzan en 1976 y terminan 20 años después, en 1996, (¿casualmente?) año en que Roberto Bolaño comenzó a escribir la novela que publicaría dos años después.
Aparecen un total de 53 personajes y uno de los grandes logros de Bolaño es dar una voz propia y singularísima a cada una de ellos.

El primero de estos personajes es Amadeo Salvatierra, un escritor ya veterano al que visitan Ulises Lima y Arturo Belano una noche de enero de 1976, es decir, después de que se marcharan del D.F. Esa noche, bebieron una botella de mezcal “Los Suicidas”.
Dice Amadeo Salvatierra: “Ay, qué lástima que ya no hagan mezcal Los Suicidas, qué lástima que pase el tiempo, ¿verdad?, qué lástima que nos muramos y que nos hagamos viejos y que las cosas viejas se vayan alejando de nosotros al galope”.
Esta entrevista es fundamental en la novela y el lector lo va descubriendo poco a poco porque Roberto Bolaño la intercala a los largo de los siguientes capítulos junto con otras entrevistas, es decir, interrumpe la evolución cronológica en un continuo flashback  con la inserción de un fragmento de lo que aconteció esa noche. Lo que nos cuenta Amadeo Salvatierra tiene por tanto la clave de la novela, esto es la búsqueda por parte de Ulises Lima y Arturo Belano de la mujer que consideran fundadora del movimiento real visceralista, una poeta mexicana olvidada de la que nadie ha leído nada llamada Cesárea Tinajero. Dice Salvatierra: “Todo el mundo hablaba muy bien de ella o muy mal de ella, y sin embargo nadie la publicó”. Esa es la misión de Ulises Lima y Arturo Belano, ese es el objetivo de los detectives salvajes, encontrar a la escritora fundadora del real visceralismo, Cesárea Tinajero. 

De manera que el lector sigue la pista a los detectives literarios que a su vez siguen la pista de Cesárea Tinajero.  Y si el lector tiene buena memoria recordará que ya hay una alusión a esta búsqueda en el diario de García Madero cuando el 22 de diciembre entra en la librería de Rebeca Nadier:
“Pese a que en mi primera visita (escribe García Madero) ya había descartado esta librería como un objetivo apreciable, decidí entrar. No había nadie. Un aire viciado, dulzón, envolvía los libros y las estanterías. Sentí unas voces provenientes de la rebotica, por lo que deduje que la ciega se hallaba enfrascada en algún negocio. Decidí esperar hojeando viejos libros […] Pronto me cansé y tomé asiento en una sillita de mimbre. Me acababa de sentar cuando oí un grito. Lo primero que pensé fue que estaban asaltando a Rebeca Nadier, y sin meditar lo que hacía me lancé hacia el interior de la librería. Tras la puerta me esperaba una sorpresa. Ulises Lima y Arturo Belano examinaban sobre una mesa un viejo catálogo y al irrumpir yo en la habitación levantaron las cabezas y por primera vez los vi sorprendidos de verdad. Junto a ellos, doña Rebeca miraba al cielorraso en una actitud pensativa o evocadora. No le había pasado nada. Fue ella la que gritó, pero su grito no fue de miedo sino de sorpresa”. En esta escena puramente detectivesca queda claro  que en el catálogo buscan alguna obra de Cesárea Tinajero. Lo que no queda tan claro es el motivo del grito de doña Rebeca.

El lector continúa con la retahíla de entrevistas y va conociendo a los personajes entrevistados al tiempo que olvida el fondo de la trama y se centra en lo que estos cuentan sobre su vida, o lo que opinan sobre cuestiones políticas o literarias. En este sentido, esta parte se convierte en una especie de novela coral en la que los secundarios tapan a los protagonistas. Además de Amadeo Salvatierra, aparecen Perla Avilés, Laura Jaúregui, Fabio Ernesto Logiacomo, Luis Sebastián Rosado, Alberto Moore, Carlos Monsivais, Piel Divina, Angélica Font, Manuel Moples Arce, Bárbara Paterson, Joaquín Font, Jacinto Requena, María Font, Auxilio Lacouture, Joaquín Vázquez Amaral, Lisandro Morales, Rafael Barrio, Felipe Müller, Simone Darrieux, Hipólito Garcés, Roberto Rosas, Sofía Pellegrini, Michel Bolteau, Mary Watson, Alain Lebert, Norman Bolzman, Herminito Künst, José Zepilote Colina, Verónica Volkow, Alfonso Pérez Comarga, Hugo Montero, Xochilt García, Andrés Ramírez, Abel Romero, Edith Oster, Xosé lendoiro, Daniel Grossman, Susans Puig, Guillem Pina, Jaume Planells, Iñaki Echavarne, Aurelio Baca, Pere Ordóñez, Julio Martínez Moraleja, Pablo del Valle, Marco Antonio Palacios, Hernando García León, Pelayo Barrendoaín, Clara Cabeza, Maria Teresa Salsona Robot, Jacobo Urenda y Ernesto García Grajales. A través de todos ellos conocemos retazos de los avatares de Ulises Lima y Arturo Belano en los años que van desde 1976 a 1996. Sus viajes, su investigación, su separación, la llegada de Belano a Barcelona, sus intentos por sobrevivir, su amor por la literatura.

Esta segunda parte es una verdadera obra de ingeniería literaria en la que además de la búsqueda de nuestros detectives salvajes, Roberto Bolaño introduce relatos a través de los personajes que son totalmente ajenos a la trama principal. Es un libro de libros, una historia llena de historias, como la que narra Xosé Lendoiro, un abogado con ínfulas de poeta y amante del mundo clásico (muchas de las frases que utiliza son latinajos) que decide dejarlo todo para viajar, escribir y publicar una revista. En uno de sus viajes en caravana llega a Galicia y allí le acontece una historia novelesca. Un niño ha caído en una grieta. Todos dicen que allí vive el diablo. Incluso uno de los que ha bajado con una cuerda avisa para que lo suban rápidamente porque ha visto al mismísimo diablo. Es entonces cuando el vigilante de un camping cercano se presta a bajar a la sima para rescatar al niño, cosa que logra, demostrando que el diablo estaba solo en la imaginación de la gente.  “Y el vigilante al que llamaban El Chileno, pues esa era su nacionalidad también descendía de esforzados gallegos, y su apellido Belano, también lo indicaba” Así es como Xosé Lendoiro conoce a nuestro héroe real visceralista en octubre de 1992. Y lo mejor de todo es que el  autor da una nueva vuelta de tuerca a este relato pues la historia del niño que se cae en la grieta es en realidad un cuento de Pío Baroja titulado “La sima” que Lendoiro había leído de niño, de modo que Arturo Belano se convierte en héroe del cuento de Baroja en la mente de Xosé Lendoiro. ¿Quién da más?

Esto es sólo la punta del iceberg de la colosal obra de Roberto Bolaño. Incluso se atreve a rescatar personajes para novelas posteriores como es el caso de Auxilio Lacouture, que es la protagonista de la novela "Amuleto", publicada un año después, quien se queda escondida en los baños de la Universidad Autónoma de México cuando el ejército toma el campus para acabar con las protestas estudiantiles en 1968. Este es el genial monólogo interior que tiene Auxilio Lacouture en ese momento:
“Estoy en el lavabo de mujeres de la Facultad y puedo ver el futuro, decía yo con voz de soprano y como si me hiciera de rogar. Ya lo sé, decía la voz del sueño, tu empezá con las profecías que yo las anoto. Las voces, decía yo con voz de barítono, no anotan nada, las voces ni siquiera escuchan. Las voces sólo hablan. Te equivocas, pero es igual, tú di lo que tengas que decir y procura decirlo fuerte y claro. Entonces yo tomaba aliento, dudaba, ponía la mente en blanco y finalmente decía: mis profecías son estas:
Vladimir Maiakovski volverá a estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año 2124. Thomas Mann se convertirá en un farmacéutico ecuatoriano en el año 2101 [...] Virginia Woolf se reencarnará en una narradora argentina en el año 2076. Louis Ferdinand Celine entrará en el año 2094. Paul Eluard será un poeta de masas en el año 2101. César Vallejo será leído en los túneles del año 2045 [...] Franz Kafka volverá a ser leído en todos los túneles de Latinoamérica en el año 2101. Carson McCullers seguirá siendo leída en el año 2100. El caso de Antón Chejov será un poco distinto: se reencarnará en el año 2003, se reencarnará en el año 2010, se reencarnará en el año 2014. Finalmente volverá a aparecer en el año 2081. Y ya nunca más”.

Es impresionante como Roberto Bolaño logra mover al lector por este intrincado laberinto de lugares y personajes, siempre detrás de los héroes del real visceralismo.
Y siempre detrás de Cesárea Tinajero.
Casi al final de la segunda parte, termina la intervención de Amadeo Salvatierra y éste enseña a Belano y a Lima una revista con el único poema conocido de Cesárea Tinajero:
“¿El poema de Casárea Tinajero?Lo había visto cuando tenía siete años ¿Y lo entendía?¿Sabía lo que significaba? Porque debía significar algo, ¿no? Y los muchachos me miraron y dijeron que no Amadeo, un poema no necesariamente significaba algo, excepto que era un poema, aunque éste, el de Cesárea, en principio ni eso. Así que les dije, déjenme véanlo y extendí la mano como quien pide limosna y ellos pusieron el único número de la revista Caborga que quedaba en el mundo entre mis dedos acalambrados. Y vi el poema que había visto tantas veces:
-------------------------------------------------------------
Y les pregunté a los muchachos, les dije, muchachos, yo llevo más de cuarenta años mirándolo y nuca he entendido una chingada. Eso es la verdad. Para qué voy a mentirles. Y ellos dijeron, es una broma, Amadeo, el poema es una broma que encubre algo muy serio. ¿Pero qué significa?, dije. Déjanos pensar un poco, Amadeo, dijeron…”
Dejo el misterioso poema de Cesárea Tinajero para los lectores de la novela.

Al final de esta segunda parte al fin nos enteramos de quien es el autor de las entrevistas. Y lo hacemos gracias a la intervención de Andrés Ramírez, un chileno que llegó de polizonte en un barco a España y tiene el don de ver números, de modo que jugó a la quiniela dos veces y acertó, lo que le permitió abrir varios bares en Barcelona y prosperar. Es precisamente el friegaplatos del local “El cuerno de oro”, el autor de las entrevistas, el detective que persigue a los detectives salvajes, quien antes de ser despedido, asoma la cabeza para que lo veamos. El friegaplatos es... ¡Arturo Belano!.
 Es él, el propio Belano quien se ha ocupado a lo largo de veinte años de rastrear y narrar su propia historia y la de su amigo Ulises Lima a través de terceros. ¿Cómo lo hizo para que no lo reconocieran? No lo sabemos. Tal vez se disfrazó de otro para buscarse a sí mismo. Tal vez tiró de memoria e imaginación para contarnos tan asombrosa historia.

Termina la segunda parte y sonreímos porque sabemos que estamos leyendo algo grande. Pero no ha terminado la novela. Todavía nos falta el  por qué del peregrinar de Ulises Lima y Arturo Belano por el mundo. Y en la tercera parte titulada “Los desiertos de Sonora”, encontramos la respuesta. De repente regresamos al 1 de enero de 1976 y al diario de Juan García Madero, ya olvidado cuatrocientas dieciséis páginas atrás. Ahí vemos cómo Lima, Belano, Lupe y el propio García Madero se dirigen en el Impala de Quim Font hacia al norte de México, hacia el desierto de Sonora, lugar mítico de Bolaño, hacia la ciudad de Santa Teresa que no es otra que Ciudad Juárez, ciudad fronteriza marcada por la violencia y el narcotráfico. Y se dirigen allí en busca de Cesárea Tinajero después de que Amadeo Salvatierra les enseñara el poema de la revista Caborca.
Durante el viaje juegan con la literatura. García Madero pregunta y el resto responde:
“Y luego les pregunté si sabían qué era un gliconio (que es un verso de mátrica cásica que se puede definir como una tetrapodia logaédica catalética in syllabam), y un hemíepes (que, en la métrica griega, es el primer miembro del hexámetro dactílico), o un fonosimbolismo (que es la significación autónoma que pueden asumir los elementos fónicos de una palabra o verso). Y Belano y Lima no supieron ni una sola respuesta, no digamos Lupe…”
Llagan a Santa Teresa y Lima y Belano investigan en archivos y bibliotecas y preguntan a gente por Cesárea Tinajero quien, si todavía vive, debe rondar los setenta años. Mientras, García Madero se dedica a leer, a escribir y a coger con Lupe.
Y al final, se cierra el círculo. Y es un círculo perfecto el que dibuja Roberto Bolaño.

Desde el primer momento el lector comienza a sospechar a cerca de la identidad de Arturo Belano, nombre que se acerca sospechosamente al de propio autor. Y comienzan las coincidencias. Roberto Bolaño es chileno, estuvo en México y terminó en España ganándose la vida como friegaplatos o como vigilante de un camping  mientras escribía, vivió en la calle Tallers de Barcelona...
Y esas coincidencias se hacen más visibles cuando hay fragmentos de la realidad trasladados a la ficción. Esto nos da la clave para saber quién es el inspirador de Ulises Lima, que no es otro que el poeta mexicano Mario Santiago, de quien en una entrevista dice Bolaño:
“Mario Santiago fue mi mejor amigo. Mi mejor amigo, de lejos. Un ser extrañísimo. En realidad Mario Santiago parecía haber bajado de un OVNI hacía un par de días. Y tenía cosas tan extrañas como meterse en la ducha y segur leyendo. Entonces se metía en la ducha y con la mano mantenía el libro así. Y lo peor es que eran mis libros. Yo veía siempre mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. Yo decía, ¿es que ha llovido en México?, hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha”. Esta anécdota aparece narrada por Simone Darrieux en la segunda parte de la novela hablando de Ulises Lima. “¿Lees en la ducha!¿Te has vuelto loco?, y él dijo que no lo podía evitar, que además sólo leía poesía…”
Mario Santiago nunca llegó a leer la novela de su amigo Roberto Bolaño. Murió en México D.F. tras un atropello el 7 de enero de 1998.


“Los detectives salvajes” fue la primera novela que leí de Roberto Bolaño. Después de leerla nada volvió a ser igual. Esta novela llegó a mis manos gracias a mi amigo José Juan, que tras una noche de mezcal y literatura, terminó subiendo a casa a por ella para regalármela. Estaba amaneciendo  y los detectives salvajes me acompañaron el resto del camino. Me siguen acompañando.






8 comentarios:

  1. Lo leí este verano, aunque ya conocía a Bolaño por sus relatos. Reseñarlo me parecía una tarea colosal (tan solo hice una mención), así que enhorabuena porque has hecho un gran trabajo.

    Es un libro de culto, creo que era Vila-Matas el que decía que marcaba el camino a seguir por la literatura del futuro. Es tan complejo y denso que tuve mis altibajos con su lectura.

    La primera parte es deslumbrante, se devora. García Madero descubre la vida y la literatura a la vez, yo creo que a cualquier lector furibundo o escritor aficionado le hubiera gustado iniciarse así. Pasa uno un poco de envidia, ¿no crees?

    La segunda parte por momentos me pareció literatura para escritores, no se si me explico. Uno de los fragmentos más emocionantes, que también has mencionado, es la historia de Auxilio Lacouture. La marqué, de hecho y la he leído varias veces más. Sobre el genial juego ¿metaliterario? en torno a "La sima" (casualidad, que lo tengo ahora entre manos, una edición de cuentos de Baroja en Alianza de bolsillo), qué puede uno añadir. Las andanzas de Lima en Israel también me parecieron muy interesantes. Pero bueno, uno podría estar así horas, hablando de este libro.

    Otra cosa, y el enlace de Imprescindibles me viene al pelo, pero tras leer "Los detectives salvajes", por su carga de autoficción, quise saber más sobre Bolaño, su vida errático y su tardía explosión literaria. Lo temprano que murió, por desgracia, cuando estaba en su cénit. Su perseverancia es un ejemplo de que cuando alguien tiene talento y meridianamente clara su vocación, nada le desalienta. La voluntad con capacidad es indestructible. En fin, es la enseñanza que yo saqué de una persona excepcional como Bolaño.

    Nada, sigo a la mío, que es procastinar (cuando debería estar adelantando trabajo, jaja).
    Saludos.

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    1. Hola Gerardo.

      Yo diría que García Madero también es el propio Bolaño (o quien le hubiera gustado ser), y efectivamente, da mucha envidia esa iniciación a la vida. Es un personaje auténtico, aunque después, en la segunda parte de la novela, nadie recuerde que había formado parte de los real visceralistas. Ni siquiera lo incluye en la lista el experto en la materia que, veinte años más tarde, realiza una tesis doctoral sobre el real visceralismo. Bolaño da así un tirón de orejas a historiadores y críticos.

      Creo que Vila-Matas tenía toda la razón, Bolaño es una mina de oro. Es una lástima que muriera tan joven. Le habrían dado el Nobel seguro porque era un escritor inmenso. Deberían dárselo a título póstumo.

      Gracias por el comentario.

      Un abrazo

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  2. Hola Juan Carlos,
    Desconocía totalmente el libro, aunque sí me suena el autor, pero creo que no he leído nada de él..
    Vaya! Otro libro encasillado dentro del género llamado metaliteratura... Interesante!!
    Una reseña muy apasionada... y hecha a conciencia!! ;)

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    1. Hola Ana Belén.

      La novela es metaliteratura porque gira en torno al mundo de las letras y los protagonistas respiran literatura. Pero el género no es nuevo. Ya Cervantes, que era un adelantado en todo, creó la metaliteratura cuando escribió el Quijote.

      Roberto Bolaño es un gran escritor y seguro que te gustará cuando lo leas.

      Un abrazo

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  3. Buenas.
    Tienes un blogs estupendo y nos quedamos como seguidores.
    Será un placer descubrir nuevos libros contigo.
    Un saludo.
    Samu.
    http://vivoentijyp.blogspot.com

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    1. Hola, bienvenidos al blog.
      Gracias por el comentario.
      Un saludo

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  4. Yo empecé por 2666 y luego recalé en esta que has reseñado estupendamente. Bolaño escribe de forma muy personal, o te gusta o lo aborreces. me gustó especialmente de esta novela que aunque hay un hilo conductor muy sutil, la novela tiene cientos de meandros por los que se dispersa una trama que tiene decenas de historias, decenas de digresiones que te conducen por meandros secundarios para recuperar de pronto a los personajes centrales y la búsqueda de Cesárea.

    Salud-os

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    1. Efectivamente, es un escritor muy especial. A veces parece que su escritura vuela y otras que se espesa y se estanca. Esto ocurre sobre todo en las dos novelas que citas, sus grandes obras. Por eso hay que tener paciencia con Roberto Bolaño.
      No creo que nadie que lo haya leído lo aborrezca. En todo caso, puede que haya quien no ha podido atravesar ese desierto y seguramente no vuelva a abrir un libro de Bolaño.
      Atravesar un desierto no es tarea fácil, pero la recompensa merece la pena.

      Un saludo

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