sábado, 31 de diciembre de 2016

Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain





No hay mejor manera para terminar el año 2016 que con un clásico como “Las aventuras de Huckleberry Finn” de Mark Twain, cuya lectura me propuse para el mes de la novela clásica que organiza el blog Libros que hay que leer. El tiempo, que es muy sabio, pone a cada libro en el lugar que le corresponde, y cuando ese libro se convierte en un clásico, pasa a formar parte de ese selecto grupo que se incluye en las páginas de los manuales de Historia de la Literatura.  Y Mark Twain lo consiguió, sin duda, con esta novela publicada en 1885,  en la que el joven Huck simula su muerte para escapar de las palizas de su alcohólico padre y de los intentos de la viuda Douglas por civilizarlo. En su huída se encuentra con Jim, el esclavo de la señorita Watson, a quien se le atribuye el asesinato del joven. Jim ha huido para salvar el pellejo, pero también en busca de la libertad. De modo que esta peculiar pareja vivirá grandes aventuras en su descenso por el río (los ríos) Missouri-Mississippi.

Es una novela de aventuras, pero sobre todo es una novela realista en la que Twain fotografía con precisión la sociedad de los estados sureños de ese joven país que consiguió la independencia de Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y que fue el primero en implantar los principios de la Ilustración en su sistema político, pero que era preso de una enorme contradicción en su seno al permitir la esclavitud en los estados del sur que vivían de las grandes plantaciones algodoneras. Es precisamente la crítica de la esclavitud el tema fundamental, el hilo conductor de la novela, aunque también aparecen otros, como el puritanismo religioso, la superstición, la pobreza, la violencia o el analfabetismo. Twain no deja títere con cabeza a través de la mirada, aparentemente inocente, de Huckleberry Finn, cuyo pensamiento irá evolucionando a lo largo de la novela. En consecuencia, además de un viaje en busca de la libertad para Jim, es un viaje iniciático que abrirá los ojos del joven Huck.


“Tú no sabes nada de mí si no has leído un libro llamado “Las aventuras de Tom Sawyer, pero eso no tiene importancia. Ese libro lo hizo el señor Mar Twain, y la mayor parte de lo que contó es verdad. Hubo cosas que exageró, pero la mayor parte de lo que dijo es verdad. Eso es lo de menos. Yo nunca he visto a nadie que no mintiera de vez en cuando, como no fuera la tía Polly, o la viuda, o quizá Mary. La tía Polly —la tía de Tom, quiero decir— y Mary y la viuda Douglas; ese libro habla de todas ellas y es principalmente un libro que cuenta la verdad, pero con algunas exageraciones como ya he dicho”.
Pues así comienza esta novela, hablando de la anterior que escribió Mark Twain. Como hiciera Miguel de Cervantes en “Don Quijote de La Mancha”, insiste en la  veracidad del relato y también juega con su autoría, pues si el anterior libro lo escribió Mark Twain, nos dice que éste está narrado por  el propio Huckleberry Finn, quien en primera persona nos muestra, a lo largo de 43 capítulos, qué fue de su vida a partir de que se hiciera rico junto a Tom tras encontrar el dinero de los ladrones escondido en la cueva.
No es casualidad que la primera referencia literaria mencionada en “Las aventuras de Huckleberry Finn” sea precisamente “El Quijote”. En el capítulo 3, Tom Sawyer inventa historias a partir de los libros que ha leído para jugar a los ladrones junto a Huck y el resto de muchachos. Su imaginación se desborda, y en una de ellas  Tom les dice “que por sus espías le llegaron noticies de que una cantidad de mercaderes españoles y árabes ricos iban a acampar deca de la Hondonada de la Cueva con doscientos elefantes y seiscientos camellos, y más de mil mulas de carga, todas ellas llevando diamantes; y sólo tenían una guardia de cuatrocientos soldados, y así nosotros íbamos a tender una emboscada, como él la llamaba, y matarlos a todos y arrear con las cosas”. Todos le creyeron sobre todo Huck, que no era capaz de distinguir la realidad de la ficción, de manera que estuvieron todo el día esperando la llegada de los mercaderes árabes y españoles y lo único que apareció fue una excursión de la escuela dominical. Es entonces cuando, enfadado, Huck habla con Tom: “Yo no ví ningún diamante y se lo dije a Tom Sawyer. Él dijo que allí había cantidades, sin duda; y dijo que había también árabe y elefantes y cosas. Yo dije, ¿por qué no podemos verlos, entonces? Me dijo que si no fuera tan ignorante y hubiera leído un libro llamado “Don Quijote”, lo sabría sin preguntar. Dijo que todo se hacía por encantamiento. Dijo que había miles de soldados, y elefantes y tesoros, y más, pero que teníamos enemigos que él llamaba encantadores y ellos lo habían convertido todo en una escuela dominical de párvulos, sólo por despecho. Yo dije, bueno, está bien, entonces lo que tenemos que hacer es atacar a los encantadores. Tom Sawyer dijo que yo era un cabeza de chorlito...”. Al final, y después de frotar una lampara en el bosque para ver si aparece el genio de los deseos, Huck desiste de creer en todo lo Tom dice.
Los paralelismos con la obra de Cervantes son muchos. Es la historia de un viaje de dos personajes que se van encontrando aventuras por el camino. El joven Huck es una síntesis del carácter de Sancho Panza y de Don Quijote, aunque tiene más del primero que del segundo. Su aventura es quijotesca: acompañar en su huída a un esclavo  acusado de asesinato que ha escapado de su amo. A pesar de sus invenciones y sus mentiras, Huck siempre termina haciendo el bien, y aunque, en ocasiones entre en contradicción lo que le dicta el corazón con lo que dictan las leyes, es su corazón el que se impone.

La violencia está muy presente a lo largo de la novela. Hay escenas muy  duras como la del asesinato de la familia Grangerford, que había adoptado a Huck tras el naufragio de la balsa, por parte de los Shepherdson por una venganza ya olvidada de algo que ocurrió mucho tiempo atrás.
“—Bueno— le dijo Buck a su amigo Huck— la venganza es así: un hombre tiene un altercado con otro hombre, y le mata; luego el hermano del otro mata al primero; luego los otros hermanos, de los dos lados, van a por otros; luego los primos entran en juego..., y poco a poco todo el mundo se mata, y ya no hay más venganza. Pero todo eso va un poco lento y cuesta mucho tiempo”.
Tras este penoso acontecimiento, Huck encuentra Jim, quien reaparece milagrosamente tras salvarse del naufragio y recuperar la balsa. Ambos continúan su periplo río abajo, navegando de noche y durmiendo escondidos de día. “Es maravilloso vivir en una balsa. Tenemos el cielo allá arriba, todo salpicado de estrellas, y solíamos tumbarnos de espaldas y mirar las estrellas y discutir sobre si fueron hechas o sólo ocurrieron. Jim creía que fueron hechas, pero yo creía que ocurrieron; pensé que habría costado demasiado tiempo hacer tantas. Jim dijo que la luna podría haberlas puesto; bueno, eso parecía bastante razonable, así que no dije nada en contra de la idea, porque he visto una rana poner casi tantos huevos, y por eso estaba claro que una cosa así se podía hacer. Solíamos mirar también las estrellas que caían y verlas trazar sus rayas. Jim creía que se habían estropeado y por eso las habían tirado del nido”.
Es entonces cuando entran en juego dos tunantes que huyen de un pueblo perseguidos por haber estafado a sus habitantes. Huck y Jim les ayudan a escapar y ellos continúan con su papel de pícaros. Uno de ellos dice ser el duque de Bridgewater y el otro el hijo del Luis XVI. Jim los creyó a pies juntillas pero Huck les sigue el juego: “Si querían que les llamáramos reyes y duques yo no estaba en contra, con tal de mantener la paz en la familia”. Y  mientras avanzan en su descenso por el ahora Mississippi,  el rey y el duque ensayan en la balsa escenas de “Romeo y Julieta”, de “Ricardo III” y de “ Hamlet” ante la mirada atenta y divertida de Huck y Jim.  Luego se dedican a estafar a diestro y siniestro hasta que son descubiertos y reciben su escarmiento.

El desenlace es lo mejor de la novela. Tom llega a la casa de su tía Sally, a quien no ha visto desde hace años, y encuentra a Huck, que se ha hecho pasar por él, porque sus tíos creyeron que era Tom cuando la casualidad lo llevó a su casa en busca de Jim que había sido descubierto. Tom le sigue la corriente y se hace pasar por su hermano Sid. Es cuando planean rescatar a Jim que ha sido encerrado por su tío hasta que aparezca su dueño. Es entonces cuando Tom intenta construir la realidad a partir de la ficción porque la realidad le parece demasiado aburrida. Piensa que tan solo la ficción hecha realidad les hará un hueco en la posteridad. Tom Sawyer, como Don Quijote, planea el rescate a partir de los libros que ha leído y  Huck Finn, cual Sancho Panza, acepta llevar a cabo las más disparatadas acciones para liberarlo. 

Obra maestra.

ridgewater de﷽﷽postre asesinos de los Grengerfordba cvlaroe la balsa. Se hace muy amigo del hijo Buck, el hijo del coronel.
ndo



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